Valencia, el ultimo periplo de mi viaje laboral por la peninsula.
Tres dias en el cicuito, el primero lo soporto, el segundo me satura y el tercero ya me voy.
Mucho tiempo con mucha gente hablando de cosas superficiales, imagino que una norma para mantener la convivencia.
El sabado por la tarde (el dia saturado) me fui a dar una vuelta por la ciudad y termine cenando en una sitio japones, alli consegui cambiar el chip.
Es uno de esos restaurantes japo-cool donde cuidan el diseño del local, platos elaborados con mezclas de sabores y necesidad de reservar si te quieres sentar en una mesa.
Mientras esperaba la cena me di cuenta que la gente que ocupabamos ese lugar formabamos pares.
No dejaba de mirar a las dos cocineras japonesas mientras preparaban el sushi, ponian arroz en las algas, mojaban el cuchillo, lo inclinaban , cortaban, median y servian. De fondo versiones de Radiohead a golpe de Spotify. Me gusto, queria unirme a ellas y que me enseñaran todos esos secretitos que tiene esa cocina, parecia tan facil dedicarse a eso que pense si se podia aplicar a otros aspectos de la vida.
Mientras esperaba en la barra observaba a la gente que habia en el lugar, todo seguia segun el orden de parejas. En las mesas una aburrida al estilo Martin Parr de la que basicamente se oia la voz seca y contundente de ella y el por detras diciendo que si. Detras de ellos una de mujeres de mediana edad que se escapaba de mi vision.
En la barra una pareja de chicas arregladas, delgadas y compuestas que no sabia si ese dia habian dejado a sus novios en casa mirando el futbol o que eran re-independientes, por el momento discutian que iban a cenar mientras iban tomando cerveza.
A mi izquierda una pareja extranjera de habla hispana que no conseguia saber de donde podian ser, parecia que era la primera vez que venian a ese lugar, no les pegaba estar cenando en la barra, se les veia muy compaginados, estudiaron la carta con detenimiento y pidieron consejo a la camarera. Por ultimo en el mismo lado de la barra estabamos dos clientes individuales, mi vecino parecia estar zambullido en un momento de inspiracion ya que no paraba de mirar al techo y escribir cosas, y luego yo observandolos a todos.
Para servirnos a todos dos camareras.