Me siento en un bar en un Santa Eulalia, observo como dos locales con generosa barriga y puro en boca pegan un grito desde la calle a la camarera para que les sirva dos cafes. Se sientan y con la grabdilocuencia de alguien importante uno le cuenta al otro que lo que necesita la isla es que venga mas gente (ganado para ellos) ya que de los cinco souvernirs que tiene, hay uno que el unico beneficio que le da es el de pagarse la hipoteca, de lo que gana con los otros cuatro no dice nada.
Cada vez que visito la isla que vio crecer a mis antecesores, menos parecido tiene con el recuerdo que tengo de mi juventud y mas con el asfalto, los replicantes cool de cuerpo bonito que debo apartar de mi paso al llegar al aeropuerto y las urbanizaciones eclecticas que de rotonda en rotonda aparecen como setas en otoño por nuestro querido pais soleado.




